No vengas Navidad


No vengas, Navidad,
que es muy temprano todavía,
las madres están temblando
en el sol del mediodía
y los niños en las calles
vagan solos, sin comida
y el campesino, aunque quiera,
no puede deletrearte en las vitrinas.

No vengas, Navidad,
como insulto a la pobreza,
no llenes de caros licores
a los ricos de la empresa,
ni ufanes a sus señoras
con perlas y con diamantes.
No vengas, Navidad,
ten compasión, no vengas.

No queremos combinaciones
de contrastes humillantes
con sedas finas de china
y manta vieja y zurcida,
con pavos de muchas marcas
y sal en una tortilla.

No vengas, Navidad,
danos un tiempo todavía,
recuerda que existen muchos
que sufren con tu venida
sacando de sus pañuelos
monedas envejecidas
para comprarle al mundo
una parte de tu alegría.

Recuerda que somos tantos
sumidos en la miseria
y anhelamos saborearte
con bebidas y con torrejas,
con juguetes y conservas,
para que nuestros hijos sientan
el calor de Nochebuena
en la pólvora sonora
que los ricos siempre queman.

No te muestres, Navidad,
en pléyades de alegres venaditos
portando juguetes, campanillas y trineos
por las residencias de los niños ricos;
tu presencia entre los nuestros
todavía no concibe
que se afame en los estantes luminosos
a un San Nicolás de lanas revestido
y se margine de realezas al glorioso
desnudo Niño Dios con frío.

No vengas, Navidad,
no te entendemos todavía.

 

(del médico hondureño Alfonso Zúniga Alemán, de su Antología poética, 1988 )

2 Respuestas a “No vengas Navidad

  1. Alejo Gómez

    Hermoso poema, gracias por compartirlo con todos.

  2. Alejo Gómez

    Me pasaron este escrito de Galeano, que también es muy lindo:

    ABRAZO
    Nosotros tenemos la alegría de nuestras alegrías,
    y también tenemos la alegría de nuestros dolores
    porque no nos interesa la vida indolora
    que la civilización del consumo vende en los supermercados,
    y estamos orgullosos del precio de tanto dolor
    que por tanto amor pagamos.

    Tenemos la alegría de nuestros errores,
    tropezones que prueban la pasión de andar
    y el amor al camino;

    y tenemos la alegría de nuestras derrotas
    porque la lucha por la justicia y por la belleza
    vale la pena también cuando se pierde.

    Y sobre todo…
    sobre todo tenemos la alegría de nuestras esperanzas
    en plena moda del desencanto, cuando el desencanto
    se ha convertido en artículo de consumo masivo y universal
    nosotros seguimos creyendo
    en los asombrosos poderes del abrazo humano.

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