Archivo mensual: julio 2009

Buscando una nueva vida

Por Juan Federico

“Cuando vamos a Tribunales, nos dicen: Ustedes hicieron esto y esto otro y… pum, al instituto. Pero nunca nadie nos ha preguntado por qué lo hacemos. A nadie le interesa entender por qué robamos. No tenemos padre, la mamá tiene muchos hijos, no alcanza para comer… pero nadie quiere saber cómo empezó tu vida a ser una mierda”. El que apunta es Roberto (18), un adolescente en conflicto con la ley. Sigue leyendo

Fundación de la inseguridad ciudadana

Por Eduardo Galeano

La democracia griega amaba la libertad, pero vivía de sus prisioneros.

Los esclavos y las esclavas labraban tierras,

abrían caminos,

excavaban montañas en busca de plata y de piedras,

alzaban casas,

tejían ropas,

cosían calzados,

cocinaban,

lavaban,

barrían,

forjaban lanzas y corazas,

azadas y martillos,

daban placer en las fiestas y en los burdeles

y criaban a los hijos de sus amos.

Un esclavo era más barato que una mula. La esclavitud, tema despreciable, rara vez aparecía en la poesía, en el teatro o en las pinturas que decoraban las vasijas y los muros. Los filósofos la ignoraban, como no fuera para confirmar que ése era el destino natural de los seres inferiores, y para encender la alarma. Cuidado con ellos, advertía Platón. Los esclavos, decía, tienen una inevitable tendencia a odiar a sus amos y sólo una constante vigilancia podrá impedir que nos asesinen a todos.

Y Aristóteles sostenía que el entrenamiento militar de los ciudadanos era imprescindible, por la inseguridad reinante.

Eduardo Galeano, Espejos (2008)

Punición en bolsa

El sociólogo francés Michel Foucault afirmó que “la conservación del sistema penal no interesa porque prevenga nada, sino por la forma de poder que ejerce y que se traduce en vigilancia de toda la población”.

Y a esto, el polaco Zygmunt Bauman, otro sociólogo, le agregó otra función, ya que, desde su óptica, “en las circunstancias actuales (la cárcel) es una alternativa al empleo; un método para neutralizar y deshacerse de una parte importante de la población a la que no se necesita como productora ni para la cual hay trabajo al que deba ser ‘devuelta’… Lo que sí importa es que permanezcan allí. No fue diseñada como una fábrica de disciplina ni de trabajo disciplinado, sino de marginación”.

Por lo tanto, siguió Bauman, el número de personas que están en la cárcel o aguardan condenas probables crece rápidamente en casi todos los países. Esto trae aparejado un repentino incremento de las construcciones de prisiones en todas partes.

Al respecto, sin caer en una relación automática entre desempleo y delito, el noruego Nils Christie, profesor de criminología de la facultad de Leyes de la Universidad de Oslo, sostuvo que está “absolutamente convencido de que una mujer o un hombre desocupados tienen mucha dificultad para enseñar a sus hijos a respetar la sociedad, ya que su autoridad fue cercenada”.

Es así que, al tomar conciencia del potencial económico de la punición, en muchos países el mercado privado se sumó a la lucha contra el mal. En los Estados Unidos, cada vez hay más cárceles privadas, donde muchos sostienen que, en el afán de lucro, hasta sirven comida en pésimas condiciones. Ya en 1998 una de las empresas norteamericanas de prisiones privadas, la Corrections Corporation, figuraba entre las cinco empresas de más alta cotización en la Bolsa de New York.

“Al fin y al cabo, las cárceles quieren decir dinero”, concluyó Christie.

Alternativas a las rejas

En un piso conviven cinco estudiantes, uno de los cuales rompe el televisor. Cada uno de los otros cuatro reacciona de forma diferente ante el hecho: uno propone castigarlo (estilo punitivo); otro, que lo pague (estilo compensatorio económico); el tercero opina que se ha vuelto loco y que hay que tratarlo (estilo terapéutico); el último, en fin, entiende que deben hacer entre todos un examen de conciencia para analizar cómo se ha llegado a esta situación (estilo conciliador).

El holandés Louk Hulsman, profesor de Derecho Penal y experto en criminología, se inclina por esto último. De esta manera, contradice el pedido de un sector de la sociedad global que exige, para paliar la inseguridad reinante, más mano dura, más policías, más represión, bajar la edad de imputabilidad, reducir los derechos procesales y aumentar el gasto en seguridad.

Al respecto, diversas investigaciones concluyen que si se aumenta fuertemente el nivel de represión se consigue un efecto rápido: muchos más presos en las cárceles. Pero, sostienen, no hay correlación entre más presos en las cárceles y reducción de las tasas de criminalidad de mediano y largo plazo porque, según el parecer de muchos especialistas, no se está atacando las causas estructurales de la criminalidad, sino sólo sus síntomas.

Es así que Hulsman afirma que la tarea de la justicia penal es asignar culpas simplificando el problema del delito como el problema del delincuente. “Nuestro reproche más profundo a la justicia penal es que tiende a dar una construcción irreal de lo que sucede y, por lo tanto, da una respuesta irreal y poco efectiva”, cuestiona. En el proceso penal, según este criminólogo, no se tiene idea quién es, de dónde es, cómo es el juzgado, qué lo hizo tal como es. Ante esto, Hulsman propone soluciones efectivas en un cara a cara entre las partes involucradas, lo que lleva intrínsecamente la necesidad del diálogo, a conocer al “otro” y dejar de lado la histórica concepción de tener siempre al diferente como ese “otro peligroso al cual es necesario exterminar”.

Inauguraron un banco de leche que todavía está en pañales

Por Laura Giubergia

El 6 de abril pasado, en conmemoración del décimo aniversario del Hospital Materno Neonatal, se anunció con bombos y platillos la puesta en funcionamiento de un Banco de Leche Materna, primer espacio de esas características en la provincia y tercero en el país. Sin embargo, a más de 40 días, el área en cuestión aguarda por el pasteurizador, herramienta fundamental para el tratamiento de la leche materna, y las salas destinadas a tal fin están aún vacías. Sigue leyendo

Un hombre solo contra la mafia y la miseria

Por Jorge Fernández Díaz

El primer aviso mafioso llegó un viernes. Ocho hombres prolijos, bien vestidos y armados para una guerra tomaron por asalto el taller de la escuela gráfica de los chicos pobres, los amenazaron de muerte y se llevaron unos pocos pesos.

El segundo aviso fue dado casi tres meses después: encapuchados secuestraron a un adolescente de la Obra Juan XXIII, lo pasearon en un auto bordó y le advirtieron que quemarían tres edificios de la Fundación Pelota de Trapo. Sigue leyendo