Archivo mensual: agosto 2010

“Algo extraño sucede en el hospital”

El martes 17 de agosto, Estefanía Puechagut (23) caminaba rumbo a la Ciudad Universitaria, de Córdoba, cuando una pared del 10º piso de un edificio en construcción se desplomó sobre ella. Desde entonces, permanece internada en coma profundo -y con pocas posibilidades de sobrevivir- en el Hospital de Urgencias. Tres días después, el paramédico Jorge Rumi escribió una conmovedora carta sobre cómo su caso había quebrado la rutina de un sitio acostumbrado a lidiar a diario con las penas más profundas.

Por Juan Federico

“Algo extraño sucede en el hospital”. Se trata del título de una conmovedora descripción realizada por el paramédico del servicio 107 Jorge Rumi, en la que lo “extraño” es cómo conmovió la rutina diaria del Urgencias el caso de Estefanía Puechagut, en un lugar acostumbrado, a la fuerza, a las penas más intensas.

Se trata de la jovencita de 23 años que se debate entre la vida y la muerte luego de que el martes fuera alcanzada por una lluvia de ladrillos que cayó del 10º piso de un edificio que se levantaba en la esquina de Pueyrredón y Vélez Sársfield, en la ciudad de Córdoba.

Con una emoción que se contagia al leerla, prologa: “Nos conmueve mucho el dolor ajeno, nos angustian las consecuencias y sufrimos con los jóvenes mutilados, los adultos lesionados y los familiares desgarrados en su dolor… Pero -se detiene en Estefanía-, desde el martes al mediodía algo cambió en los pasillos del hospital, entró una joven con riesgo de muerte y esto movilizó emocionalmente a todos, la fisonomía de la guardia cambió, el interés de todos y cada uno de los responsables de la salud se vieron con una dosis de adrenalina extra. Algo había cambiado y tenía nombre y apellido”. Sigue leyendo

Una historia

“No sólo en la Argentina, no sólo en América Latina, el sistema está ciego. ¿Qué son las personas de carne y hueso? –se pregunta el escritor uruguayo Eduardo Galeano– Para los economistas más notorios, números. Para los banqueros más poderosos, deudores. Para los tecnócratas más eficientes, molestias. Y para los políticos más exitosos, votos”.

Por Juan Federico y Laura Giubergia

Cuenta el abuelo que de niño/ El jugó entre árboles y risas y alcatraces de color/Recuerda un río transparente y sin olor,/ Donde abundaban peces, no sufrían ni un dolor./

Cuenta el abuelo de un cielo muy azul/ En donde voló papalotes que el/ Mismo construyó/ El tiempo pasó y nuestro viejo ya murió/ Y hoy me pregunté después de tanta destrucción/

¿Dónde diablos jugarán los pobres niños?/ ¡Ay, ay ay! En dónde jugarán/ Se está pudriendo el mundo/ Ya no hay lugar/ La tierra está a punto de/ Partirse en dos/ El cielo ya se ha roto, ya se ha roto/ El llanto gris/

La mar vomita ríos de aceite/ Sin cesar/ Y hoy me pregunté, después de/ tanta destrucción/ ¿Dónde diablos jugarán los pobres Nenes? ¡Ay, ay, ay!. ¿En dónde jugarán? Se está partiendo el mundo/ Ya no hay lugar.

(Dónde jugarán los niños, Mana)

Esta es la historia de una barriada pujante, un sector de la ciudad de Córdoba repleto de obreros y chicos que juegan en la calle. Es la historia de un pedazo de ciudad que cada mañana se despierta con ímpetu y se dirige derecho a la fábrica.

Una gaseosa de dos litros y un kilo de facturas en una bolsa de papel madera o de plástico. Este es el primer pedido que los jóvenes que llegan a la Unidad de Contención del Aprehendido (UCA), de barrio Güemes, realizan a sus madres cuando tienen la posibilidad de la primera llamada. No se trata de una necesidad sólo de sed y hambre. Quienes allí recaen, por lo general por alguna contravención menor, comparten una gran habitación desierta en uno de los pocos lugares habitables de la vetusta cárcel. Luego de merendar con sus compañeros de encierro, utilizan la botella de plástico para orinar y la bolsa de las facturas para defecar: las idas al baño sólo se permiten una vez al día. Sigue leyendo

Hay mayoría de adictos entre los ladrones que van a juicio

El miércoles 11 de agosto en la Cámara 8ª del Crimen, de la ciudad de Córdoba, iba a comenzar el juicio contra Sergio Ubaldo Cuello (21), acusado de haber asaltado con un cuchillo a un comerciante de barrio Altamira, en julio del año pasado, hecho en el que amenazó a una mujer que tenía a su hijo en brazos. Luego de reconocer que era adicto a la marihuana y a la cocaína, el joven se declaró culpable y de inmediato fue sentenciado a cinco años de cárcel.

El fiscal Hugo Almirón señaló que no se trató de una excepción: “De los que llegan a juicio por delitos contra la propiedad, la mayoría reconoce ser consumidora. De 10 acusados, siete u ocho dicen tener relación con algún tipo de sustancia”. Sigue leyendo

Se cansó de pedir que traten a su hijo, hoy preso por robo

Por Juan Federico

Madrugada del viernes 6 de agosto, 1.20 de la madrugada. En un domicilio de la primera sección de barrio José Ignacio Díaz, en la ciudad de Córdoba, el caos es el denominador común. Son pocos minutos de puro vértigo. Cuatro muchachos encapuchados se meten en la casa y exhibiendo revólveres apuntan hacia los tres hombres de 40 a 55 años allí reunidos. Los gritos apurados retumban en el ambiente. De pronto, mientras un par de los muchachos se abalanza sobre los objetos que había en una mesa, se escuchan uno, dos, tres y hasta más detonaciones. Los encapuchados, desesperados, sin un rumbo fijo, ganan la calle y pronto se dividen. En la casa, en tanto, dos de los hombres descubren balazos en sus brazos, mientras que al otro le sangra una herida en la cabeza, producto de un fuerte culatazo. Sigue leyendo

1520 intoxicados con drogas llegaron al Urgencias en 2009

Por Juan Federico

El 1,80 metro de estatura del joven flaquito era un solo temblequeo. Aturdido, respiraba con dificultad y aunque intentaba explicar algo, sólo balbuceaba. Su madre lo había llevado al Hospital de Urgencias luego de implorarles a los amigos que le contaran qué había tomado su hijo.
Así supo que durante toda la tarde habían estado moliendo y aspirando ansiolíticos, pastillas que una mujer del barrio buscaba en el Neuropsiquiátrico, supuestamente para el tratamiento de sus dos hijos adictos. En realidad, la señora las acopiaba para vender a los chicos de su cuadra que las tomaban todas juntas mezcladas con vino o cerveza. Sigue leyendo