Archivo diario: 31 marzo 2011

Retóricas de la Seguridad

La in-visibilidad resguardada: Violencia(s) y gestión de la paralegalidad en la era del colapso¹

Por Rossana Reguillo²

“[…] Las pasiones resurgen, pero bajo el modo de un aumento de los extremos, son fulminantes, paroxísticas, de una violencia radical, infernal. Precipitan siempre la llegada de la muerte, están fascinadas por la muerte en directo. Entre ambos extremos, la violencia adopta dos figuras simétricas: por una parte la violencia invisible, interior, proyectada sobre sí, en el secreto del cuerpo, que brutaliza y aturde. Por otra parte otra violencia exteriorizada, hipervisible, que lleva más lejos aún la imagen surrealista de la iluminación, de la guerra total, de la muerte en directo de la víctima.” Oliver Mongin

“El dispositivo no existe ahí para ejecutar al hombre, sino que éste está precisamente ahí por el dispositivo, para proveer un cuerpo sobre el cual pueda escribir su obra maestra estética, su registro ilustrado sangriento lleno de florilegios y adornos. El propio oficial no es más que un criado de la Máquina”. Michel Löwy

Es el carácter abismático de las violencias el que las reviste de su condición mistificada y exterior, con la que, incluso, buena parte de las ciencias sociales se identifican en un acto de pura seducción. Para ser “comprendidas”, es decir elevadas a rango de explicación tanto de sentido común como de segundo orden, ellas requieren de un doble movimiento, aquel que aísla sus códigos del conjunto de códigos sociales y por ende posibilita al observador-analista colocarse en una posición de calificación y atribución y, aquel otro movimiento constituido por el gesto de traducción del código a un lenguaje capaz de dotarlas de inteligibilidad o circunscribirlas a un marco que al mismo tiempo que neutralice la anomalía que ellas comportan, haga visible y patente precisamente esa anomalía y la fije en un universo de sentido que busca salvaguardar la “normalidad”.

Tensión y paradoja, el pensamiento que piensa la(s) violencia(s), se enfrenta al desafío de anclar el análisis en un lugar que al tiempo que sea capaz de configurar “el punto de vista”, se constituya en una estrategia de desplazamiento que posibilite desencializar los binomios anomalía-normalidad, exterior-interior, bueno-malo, violento-no violento, con el que suelen calificarse las violencias. No sirve, me parece, pensar en términos de “violencias buenas” y “violencias malas” o en violencias “legitimas” y violencias “ilegítimas”, toda vez que entre otros colapsos, la contemporaneidad se enfrenta al vaciamiento de las instituciones y de los sentidos hegemónicos (es decir, legítimos) en ellas depositados y de esa crisis no se salva el Estado con su pretendido “monopolio de las violencias legítimas”. Las aceleradas transformaciones en la escena social han desbordado las categorías y conceptos para pensar el mundo.

Bajo esa perspectiva intento aquí acercarme a las violencias desde un “lugar”, la legalidad y, desde un constante “desplazamiento”, las retóricas de la seguridad. En otras palabras, me interesa tanto el análisis y la reflexión situada en torno a los efectos de las violencias en la institucionalidad y sociabilidad como los usos políticos de la seguridad como espacios-prácticas de contención de esas violencias. Esta estrategia me permite introducir la hipótesis central de esta ponencia: las violencias contemporáneas han inaugurado una zona fronteriza, un orden abierto a la definición constante, un espacio de disputas entre fuerzas asimétricas y disímbolas que desbordan el binomio legal-ilegal. Quisiera señalar que considero que las violencias constituyen un “pasillo”, un “vestíbulo” entre un orden colapsado y un orden que todavía “no es” pero que está siendo, de ahí su enorme poder fundante y su simultánea ligereza. Sigue leyendo