Un laberinto sin salida


Ser adicto y no tener plata: ¿qué salida existe en Córdoba?

“Hace dos años que empezó a consumir. Pastillas, marihuana y blanca, ¿eso es cocaína, no? Me convertí en un perro sabueso”. La mujer, sentada en su casa de barrio José Ignacio Díaz, estaba relatando, sin proponérselo, un drama cotidiano que viven varias familias de la ciudad de Córdoba. El derrotero doloroso que tiene en sus extremos aceptar, primero, que un hijo está sumergido en el consumo de droga, y que termina por buscar, casi sin aliento, un lugar público para tratarlo.

“El Ipad es una porquería, de ahí mi hijo salió peor”, contó otra madre, también desesperada y del mismo barrio. Se trata del Instituto Provincial de Alcoholismo y Drogadicción, que hasta hace pocos días fue el único centro gratuito para rehabilitación que funcionaba en la ciudad. Ubicado frente a la Costanera, al lado de neuropsiquiático, el Ipad es, de manera periódica, el generador de malas noticias. Condiciones deplorables, denuncia de abusos, ingreso de drogas y saturación, son algunos de los tópicos que cada tanto recuerdan a los cordobeses que si un chico de una familia con pocos recursos cae en la droga, su salida será más que difícil. “Lo mantenían dopado con pastillas todo el día porque no había gente para que lo cuidara, cuando salió era adicto a esas pastillas”, se quejó la mujer.

Su crítica se escucha al hablar con padres de adolescentes adictos de otros barrios de la ciudad. La soledad e impotencia que relatan es idéntica aunque cada caso signifique el derrumbe de una familia en particular.

Para intentar mitigar este flagelo, hubo convenios entre la Provincia y los institutos privados con el objetivo de brindar becas (cada tratamiento puede demandar entre 5.000 y 10.000 pesos mensuales; de cada 10 que lo inician, sólo dos llegan a concluirlo -los que quedan en el camino no responden sólo a razones económicas-).

Sin embargo, en todo 2012, según denunciaron los privados, no hubo becas nuevas y sólo se terminaron de pagar a los que habían comenzado sus rehabilitaciones desde antes. Según publicó La Voz del Interior, enseptiembre de 2012 figuraban gastados 4.181 pesos de los 3.877.000 presupuestados (menos del uno por ciento) en Prevención de la Drogadicción.

Mientras tanto, el consumo se disparó de manera radicalmente opuesta a la poca inversión en prevención. En tres años, la demanda de tratamientos por adicciones casi se duplicó. Según la Encuesta Nacional sobre Prevalenciasde Consumo de Sustancias Psicoactivas (Enprecosp), en 2008 15.600 personas pidieron ayuda profesional en la provincia para dejar las adicciones a las drogas ilegales y el alcohol, mientras que en 2011, fueron 29.861. En el Hospital de Urgencias, que funciona como termómetro social por la cantidad de pacientes que recibe todos los días, en 2012 se atendieron tres intoxicados graves por día, una cifra que se mantiene en los últimos años.

En marzo, se inauguró el Centro de Integración Social (CIS), con el que la Provincia pretende dar respuesta a esta alta demanda. Funciona en la Capital y, según la promesa oficial, se abrirán otros siete en el interior.

¿Un paliativo o una política que dará soluciones en serio? El tiempo permitirá dar un balance, pero hoy la realidad indica que la urgencia está ganando por varios cuerpos de ventaja.

Publicado en la revista La Luciérnaga, Córdoba, Argentina, abril de 2013.

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