Narcos, en Rosario como en Córdoba


La ciudad santafesina, hoy presentada como la meca del tráfico de drogas en el país, muestra demasiadas coincidencias con lo que ocurre en la Capital cordobesa.

Por Juan Federico

En su primer programa televisivo de 2014, el periodista con más rating del país, Jorge Lanata, eligió mostrar el narcotráfico desde su cara más dramática por estos días: Rosario.

Al enumerar los distintos signos que hacen que hoy de la ciudad santafesina una supuesta meca, desde el discurso mediático, del narcotráfico en el país, surge que sus componentes no son demasiados diferentes a los de la provincia de Córdoba.

En 2013, cuando la ola de homicidios no paraba de crecer en Rosario, viajamos hacia allá para poder rastrear las raíces de semejante desmadre. Sin embargo, el cuadro social que permitía buena parte de este auge narco y violento no era demasiado diferente a la pintura barrial de la ciudad de Córdoba.

En Rosario, como en la Capital cordobesa, caminar por el Centro es adentrarse en una ciudad muy distinta a la de la periferia. Porque no mata la inseguridad, sino que la violencia explota entre conocidos. Por ello, pese a que la estadística de asesinatos es elevada, el visitante aún puede sentirse medianamente seguro al caminar por el microcentro rosarino. O, como supo explicar un conocedor de la problamática local, “la Rosario de entre los bulevares era una ciudad, y detrás de este límite imaginario, había otra”.

Lo mismo que en Córdoba. La plaza San Martín, la fuente de San Juan y Vélez Sársfield, el Paseo del Buen Pastor o las anchas calles de Nueva Córdoba conforman una ciudad distinta, con un ritmo totalmente alejado de lo que ocurre, por ejemplo, en Bella Vista, Marqués Anexo, Villa El Libertador, o, peor, en los barrios-ciudades, donde la vida se desarrolla de otra manera, con peligros más elevados.

Rosario, enumeró Lanata en su programa, tiene diferentes caras dramáticas.

Mostró la proliferación de “búnkers”, que son similares a los “quioscos” cordobeses, aunque con algunas particularidades, ya que se sospecha que fueron construidos de manera especial para vender drogas, dejándolos ciegos hacia el exterior, sólo con una pequeña ventanilla para pasar el dinero y la droga. En Córdoba, en cambio, los “quioscos” son explotados por familias en sus viviendas particulares. Pero el fenómeno, en esencia, es el mismo: el “dealer”, a diferencia de hace unos años, ya tiene un lugar fijo para vender la droga, y ahora -en realidad, desde hace tiempo- es el cliente el que va hacia él.

También, en el programa de televisión se marcó otro drama para mostrar cómo se acentuó la cultura narco en Rosario: que los chicos juegan en los recreos de los colegios a ser traficantes, ya que en muchos barrios, los narcos son vistos como ejemplos de ascenso social. En Córdoba, hace mucho que en los recreos también los pibes juegan a ser narcos y transas, algo que ya publicamos en La Voz. Y mucho más. Desde hace años, este diario viene publicando cómo los pequeños son utilizados en la ciudad cómo un engranaje más del narcomenudeo.

Otra arista sobre la que Lanata y su equipo pusieron énfasis, fue en el terreno de la real persecusión judicial a los narcotraficantes. Se sañaló el crecimiento de un sector de Rosario podía ir de la mano con un fenomenal lavado de dinero, una materia pendiente también en Córdoba como en el resto del país. ¿De qué sirve perseguir de manera individual a los traficantes sin demoler la estructura que los hace posible?

En otro tramo del programa de TV, se mostró el testimonio de dos personas que fueron presentadas como sicarios, quienes relataron, con total desparpajo, cómo cobraban por matar sin importar a quién. En Córdoba, aunque hasta hoy no se haya conocido que un sicario aparezca en público diciendo de qué “trabaja”, se pueden rastrear casos de este tipo tanto en la zona del cementerio San Vicente (incluso, con el secuestro de chicos) y en Villa Unión, en otro extremo de la ciudad.

Tal vez, la gran diferencia sea el número de víctimas fatales, algo que no es menor. Solo la ciudad de Rosario tiene casi el doble de homicidios anuales que toda la provincia de Córdoba.

Aquí, la explicación es incompleta. Cuando indagamos sobre Rosario, a principios de 2013, se pudo advertir que la Policía era un factor clave: en la ciudad santafesina, a diferencia de la Capital cordobesa, la fuerza aparecía no sólo corrompida sino, también, disgregada y enfrentada de manera interna, lo que dejaba el terreno más liberado para que las distintas bandas intentaran ganar terreno, con la consecuente espiral de violencia. En Córdoba, a esa altura, se creía que el control policial en los barrios era más vertical, algo que estalló por completo con el “narcoescándalo” de septiembre, que dejó al desnudo cómo la fuerza era parte, también, del problema.

Ahora, con la división Drogas Peligrosas a punto de desaparecer, y mientras se inventa una nueva fuerza que ya no dependerá de Jefatura, sino del Poder Judicial, el interrogante queda abierto sobre cómo los traficantes reaccionarán. Por lo pronto, durante los últimos meses de 2013, encontraron las calles más liberadas que nunca, ya que los operativos sufrieron una merca considerable, algo que hasta ahora no se logró corregir.

Condimentos, todos, que sirven para reflexionar con un mapa más completo sobre cuál es la real situación cordobesa cuando se habla de narcotráfico.

Publicado en el sitio web del diario La Voz del Interior, Córdoba, Argentina, el martes 14 de abril de 2014. 

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