Archivo de la etiqueta: Niños

Inauguraron un banco de leche que todavía está en pañales

Por Laura Giubergia

El 6 de abril pasado, en conmemoración del décimo aniversario del Hospital Materno Neonatal, se anunció con bombos y platillos la puesta en funcionamiento de un Banco de Leche Materna, primer espacio de esas características en la provincia y tercero en el país. Sin embargo, a más de 40 días, el área en cuestión aguarda por el pasteurizador, herramienta fundamental para el tratamiento de la leche materna, y las salas destinadas a tal fin están aún vacías. Sigue leyendo

Realidades encontradas

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Son chicos, no delincuentes

A partir de esta nota, proponemos una serie de pensamientos en torno a la polémica sobre la supuesta necesidad de bajar la edad de imputabilidad de los chicos y adolescentes. Desde este blog, nuestra posición: el planteo es una payasada. Hoy, les entregamos la opinión del psicoanalista Juan Carlos Volnovich, especializado en niños (extracto de una entrevista publicada en el Portal Educativo del Estado argentino).

“Estamos volviendo (¿es que alguna vez nos fuimos?) a la figura del niño pecador…y del niño criminal también. Lo que sucede es que nuestra generación, al no poder garantizarle a sus hijos el bienestar que los padres les garantizaron a ellos, es una generación que alberga un sentimiento de culpa inconsciente ineludible. Este sentimiento de culpa que acosa al sujeto, reclama algún alivio, algún paliativo, algún atenuante. Y uno de los modos de aliviar esta culpa es instalar en el imaginario social la imagen de los niños asesinos, peligrosos y violentos. Si bien desde Freud en adelante venimos escuchando “se acabó el paraíso de la infancia, los niños no son santitos y existe una sexualidad infantil”, los medios tienden a instalar en el imaginario la figura de niños peligrosos de modo tal que la gente “decente” no sólo tendría que cuidarse de la violencia que aportan los adultos, los desocupados, los drogadictos, los “villeros”, los “negros”, sino también de los niños, olvidándose que son, en verdad, las principales víctimas. Se está instalando en el imaginario el modelo de niños violentos y asesinos para quienes la opinión pública pide mano dura. De manera tal que el sentimiento de culpa de los adultos al ver la multitud de niños que están destinados al exterminio por la exclusión del reparto de bienes y de riquezas; la mala conciencia, se tranquiliza diciendo: se lo merecen por asesinos, etc. Es así como los medios de comunicación de masas contribuyen a instalar en el imaginario social la figura de niños peligrosos, de los que hay que cuidarse, a los que hay que aplicarles las mismas penas que a los adultos. En definitiva, bajar la edad de imputabilidad”.

Realidades encontradas

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Niños fumigados

Las Petacas, Santa Fe, 29 septiembre 2006 (Diario La Capital).- El viejo territorio de La Forestal, la empresa inglesa que arrasó con el quebracho colorado, embolsó millones de libras esterlinas en ganancias, convirtió bosques en desiertos, abandonó decenas de pueblos en el agujero negro de la desocupación y gozó de la complicidad de administraciones nacionales, provinciales y regionales durante más de ochenta años. Las Petacas se llama el exacto escenario del segundo estado argentino donde los pibes son usados como señales para fumigar. Chicos que serán rociados con herbicidas y pesticidas mientras trabajan como postes, como banderas humanas y luego serán reemplazados por otros. Sigue leyendo

Balvanera

Por Miguel A. Semán

(APe).- Yo pensaba que de un momento a otro la iban a echar. Que iban a decirle que no molestara a los clientes y se fuera. Pero el dueño del cyber, cómplice o distraído, la dejaba revolotear como una mariposa o como una pulga saltarina entre las computadoras. Pronto me di cuenta que sólo se arrimaba a los hombres. Los miraba un poco y después se iba. Al rato volvía a rozarlos y volvía a mirarlos para volver a irse. Tendría once años, cuando mucho. Al fin llegó mi turno. Se me paró al lado, casi íntima, y me tocó el brazo con la yema de unos dedos donde ya se había gastado la inocencia. Me pidió cinco pesos. Se los di. Me quedé con los ojos fijos en la pantalla. No quería mirarla. No quería preguntarle el nombre ni los años. Lucía, escuché. ¿Qué? Me llamo Lucía, dijo como si me leyera el alma. Me pregunté quién habría fabricado eso. Esa infancia disfrazada de mujer que estaba intentando seducirme. La miré. Al fin la miré a los ojos. Era dulce y más. Tenía ternura y otro poco de algo que no alcanzaba a ser lo que parecía. Pensé que si hubiese tenido diez años me habría enamorado locamente de ella. Pero era muy tarde o demasiado pronto. Rápida. Cortante, así como había dicho su nombre, me clavó las palabras: Lo que podía llegar a hacerme por otros cinco pesos. No tengo armas para responder a esos ataques. No supe qué decirle. Le di unos billetes y me fui. Pagué y salí a la calle. La dejé sola. Revoloteando. Saltando de un hombre a otro. Caminé unos metros. En la esquina una mujer de menos de treinta que parecía de cincuenta ofrecía lo mismo por un precio más bajo. Era la cara de Lucía pero con arrugas y sin dientes. Si seguía alejándome de Rivadavia iba a encontrar, seguro, mojones de mujeres, con los mismos rasgos, cada vez más viejas y baratas. Lucía salió a la vereda, se paró sobre el cordón y miró como si buscara a alguien. De las sombras se desprendió un patrullero. Sigiloso, temible, se deslizó sobre la calle como un yacaré en busca de su presa. Ella lo miró y en sus ojos inmensos se metió la noche. Me fui. Caminé por Solís hacia Belgrano. Quería entrar en un bar, pedir asilo y agarrarme a una mesa hasta que saliera el sol.

Publicado el13 de junio de 2008 por la Agencia de Noticias Pelota de Trapo.